Hola a todos!!!
No me gusta entrar en estos debates, pero siempre termino aportando una trocito de opinión.
Estoy de acuerdo con varios de vosotros que ya han comentado que no es para tanto. Sé que entrar en contradicción en un debate puede "calentar" el ambiente y , por supuesto, da lugar a expresiones fuera de lugar. Nos pasa a todos y, por eso, creo que debemos calmar los ánimos.
En relación a los formas, opino lo de siempre: escribir no es lo mismo que hablar, y las malas interpretaciones están a la orden del día. También es cierto que hay expresiones que muestran claramente desprecio, ironía, sarcasmo, falta de respeto... y aunque somos personas normales, creo que debemos esforzarnos en mantener la calidad y calidez que tiene este foro que, además, está formado por psicólogos, lo cual implica (o debería implicar) cierta capacidad de reflexión.
En relación al contenido, sigo opinando que debemos tender hacia una profesión seria, científica y ética. Y parto de la situación de la mayoría de la gente de este foro: preparar unas oposiciones para un
Sistema Sanitario Público, costeado por
dinero público para atender a
TODO el mundo con unos recursos limitados y que deben buscar
el mayor resultado al menor coste (creo que esto lo entiende cualquiera y así nos gusta que funcione). Pues en relación a las actuaciones profesionales en cualquier sistema, y TAMBIÉN en el público, hay que tener en cuenta que estamos acogidos a los 4 principios de la Bioética, que son los siguientes:
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No maleficencia: primum non nocere (lo primero es no perjudicar). Este principio es obligatorio (constituye la ética de mínimos) y consiste en que estamos obligados a no realizar ninguna acción que pueda perjudicar a mi paciente. Y perjudicar es un término amplio; no sólo hace referencia a provocarle la muerte, hacer daño o "molestar", sino en NO ofrecer o NO dar el mejor tratamiento probado. No ofrecerlo o no darlo es ser maleficiente (y el desconocerlo no exime de la responsabilidad).
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Beneficencia: el principio de beneficencia consiste en hacer todo aquello que es bueno para el paciente. En este principio se basan los tratamientos alternativos, puesto que lo "bueno" para el paciente no lo establezco yo NUNCA, lo establece el paciente. Si el paciente considera que lo mejor para él es otro tipo de terapia, es su opción pero nunca debe ser algo que elija yo por él (por otros motivos diferentes a la beneficiencia, como conocer esta técnica mejor o ser la que más me gusta). Este principio pertenece a la ética de máximos.
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Autonomía: este principio respalda el derecho al paciente a elegir ENTRE los tratamientos ofrecidos. Si el paciente considera que lo que quiere es tomarse un bote de aguarrás, aunque lo decida autónomamente, no se le permitirá, puesto que va en contra del principio de No Maleficencia y nosotros, como profesionales, debemos evitar dicha acción (hasta que se demuestre lo contrario). Por tanto, la autonomía es un "tándem" entre lo que yo te ofrezco como profesional (que conozco lo no maleficiente y lo que es más beneficente) y lo que elige el paciente de ENTRE lo ofrecido. Si no, el sistema público sería un auténtico caos.
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Justicia: este es el otro principio que constituye la ética de mínimos y es obligatorio. Es fundamental gestionar los recursos de manera que se atiendan a la mayor cantidad de personas, con las tratamientos más eficaces demostrados hasta el momento y con el menor coste posible (de tiempo, de dinero y de perosonal). Esto permite un sistema público igualitario (no equitativo), donde recibes en función de lo que necesitas, no de lo que has aportado al sistema (y pienso que en eso creemos todos). Para ello, es necesaria la introducción de tratamientos eficientes y una investigación continua en este sentido ( a lo que se dedican los médicos y farmacéuticos en casi todas sus investigaciones: "el nuevo fármaco "x" consigue lo mismo en menos tiempo o con menos efectos secundarios" o "esta nueva intervención quirúrgica produce menos muertes al año y deja secuelas más leves que la de antes", etc.).
Sorprendentemente la ética que justifica el eclecticismo (en Psicología y en otras profesiones) está basada en una falacia doble:
- Hay que darle al paciente lo que quiere. Es decir, creemos que la autonomía del paciente está por encima de la justicia ("el paciente quiere esto y se lo tenemos que dar porque tiene derecho":
FALSO). Muy por encima de su derecho individual, está la integridad del sistema colectivo para beneficiar a todos los demás. Se le ofrecerá lo que pide si NO perjudica a los demás (Justicia, en lugar de Autonomía).
- El profesional ofrece la "mejor terapia" al paciente porque es la que conoce mejor o la que le gusta o con la que se siente más cómodo, le "va bien" y beneficia al paciente ("a mi me sirve, y la uso porque le va bien al paciente":
FALSO). Lo que le va al paciente lo elige al paciente dentro de los tratamientos ofrecidos por ser más eficientes (No maleficiencia y Autonomía, en lugar de Beneficencia).
Es decir, el eclecticismo se suele basar en una ética de máximos (que podríamos decir burdamente que no es tan "importante") e intenta primar sobre la ética de mínimos.

La ética de máximos es lícita para un sistema NO público. Aquí insisto en que no niego el interés de TODAS las corrientes y terapias, pero en un SISTEMA PÚBLICO debe ofrecerse lo más eficiente y, por lo tanto, ético. Habitualmente, lo más ético implica que sea lo que científicamente está demostrado como más eficaz y eficiente. Ética y Ciencia van de la mano. Por ejmplo, si lo más eficiente para tratar una fractura de fémur es la colocación de unos clavos "x" con intervención quirúrgica, porque produce los mejores resultados en el menor tiempo posible, sin infecciones, complicaciones y permitiendo comenzar la rehabilitación en 1 semana, eso debe ser lo ofrecido al paciente SIEMPRE (y no una escayola).
Mientras no interioricemos este esquema, no vamos a ver clara la línea a seguir PARA ESTAR PRESENTES DE MANERA ADECUADA EN EL SISTEMA PÚBLICO. Insisto, para todo lo que no sea sistema público: ética de máximos, por supuesto (yo hago lo que considero mejor y el paciente elige lo que quiere). Con esto quiero decir que LO QUE VALE depende del contexto en el que nos encontremos: en lo público NO VALE TODO, en lo privado, concertado (o como sea), SÍ VALE. Por tanto, en una oposición PIR y en un puesto de psicólogo público, según mi opinión, deben ofrecerse los tratamientos de eficacia probada (sean conductistas radicales, cognitivo-conductuales, cognitivos, gestalt, sistémicos, humanistas, 3ª generación, dinámicos, eclécticos o eclécticos radicales): lo que funcione hasta que se demuestre lo contrario. Y en este sentido, terapias que no tengan estudios en esta línea, no deberían ofrecerse. Eso sí, los representantes de nuestra profesión debrían propiciar y alentar la investigación en este campo y facilitar este tipo de estudios a aquellas terapias minoritarias para que los estudios de eficacia representen a todas las corrientes.
Todo este asunto, por tanto, no nos corresponde a nosotros (correspondería a los organismos que nos representan y a las instituciones que gastan el dinero TAMBIÉN PÚBLICO en investigación...), pero sí debemos ser conscientes de ello y tener un pensamiento crítico para exigirlo a nuestros representantes.
Hala!!! Ahí queda este rollo patatero!!!
