Aunque este año parece que por fin puedo soñar con, quizá, ver la meta alcanzada, quería deciros que sé cómo os sentís. Me falta la parte de los hijos, que es algo muy especial que seguramente sólo un padre o una madre pueden comprender totalmente lo que supone, pero he cuidado niños pequeños y sé cuánta atención y cuidado demandan.
Pero sí, muchas veces, muchas convocatorias, he sentido indefensión por el examen al que me enfrentaba, y por su corrección posterior. Me he sentido tonta por no ser capaz de mejorar mi rendimiento a pesar de tirarme meses estudiando. He dejado trabajos para poder dedicarme con más intensidad, para nada. He sentido vergüenza un año tras otro de tener que decir a los de mi alrededor que, una vez más, no lo había conseguido. Pensé que esto no era para mí, que había que ser de alguna materia especial de la que yo no estaba hecha... Miles de cosas que en su momento mermaron mi autoestima. Pero una vez se toca fondo, sólo queda "subir". Tomé la determinación de no volver nunca más a echarme a mí las culpas del hecho de no sacar plaza. Me di cuenta de que incluso quedándome lejos de la plaza, sabía muchísimo, que el puesto no me definía como persona, que no valoraba mi esfuerzo, ni mi inteligencia, ni mi preparación, ni mi valía. Y no lo "decidí" sólo porque eso era lo que me convenía para mi autoestima, no... Lo hice porque una de las ventajas de haber estado tantos años intentándolo es darse cuenta de que en este examen no es todo estudiar, porque he podido analizar año tras año el movimiento de notas, los progresos de la gente, etc. Lo digo una y otra vez, aburro a los de mi alrededor, pero lo cierto es que en esta oposición la suerte tiene un espacio enorme. Cuando hablo de suerte entra ahí las correcciones caprichosas del ministerio (esto es un lastre de muuuuchos años), los despistes que uno tenga en el examen, que te pregunten cosas que sabes mejor o peor (porque nadie, NADIE, se lo sabe todo), la redacción ambigua o no de las preguntas, etc.
Claro que el estudio no puede faltar, es imprescindible. Pero una vez has asolido cierto nivel de conocimientos, es sólo una cuestión de persistencia. Si lo sigues intentando, en algún momento te toca a ti la carta buena del mazo. En todos estos años, he visto a gente sacando notas muy buenas en el año que menos han estudiado (con años previos de estudio a sus espaldas, of course). He visto gente con una sola convocatoria, apenas 6 meses, sacando la misma nota que gente que lleva en esto la tira de tiempo y sin duda saben más. He visto de todo.
Así que en mi caso, lo intenté 6 veces (5 a piñón), y me tomé un descanso en que me dediqué a mi vida, conseguí otras muchas cosas que me eran necesarias (trabajar, comer y amar), y mantuve el PIR como una música de fondo... Seguía por aquí, miraba cosillas de los temas, me compraba algún libro nuevo... Hasta que he tenido de nuevo condiciones y ganas y he vuelto a ponerme a tope, el año pasado y este. No he hecho nada muy distinto a otras veces. Lo único que ha cambiado ha sido la suerte. Que aún no sé seguro qué pasará conmigo, pero desde luego, en el punto en el que me encuentro es por la suerte, y nada más me diferencia de mis compañeros, vosotros.
Creo que esto hay que saberlo... porque pienso que es un error garrafal prescindir de nuestras familias, de nuestra vida, de lo que realmente importa... En las academias se entra en una dinámica de competición donde parece que si no haces 10 horas cronometradas no eres nadie ni lo conseguirás... Y luego no es así. En general la gente no nos lo queremos creer, porque estamos entrenados a recoger el fruto de nuestro esfuerzo. Pero se trata de un esfuerzo continuo y acumulativo, no de fuerza bruta en tiempo récord (aunque algunos obtengan el feedback aparente de que así es porque se lo han sacado a la primera; no saben cuán equivocados están).
En fin, que yo no puedo más que decir que no lo consigue el que estudia más, sino el que persiste hasta que la divinidad que tiene el PIR a su cargo decide señalarte con su dedo magnánimo. Mientras tanto, disfrutad de vuestras vidas, que es lo único que de verdad importa. La vida no puede girar en torno al PIR, tiene que ser éste el que se integre en lo que tenemos y en lo que verdaderamente nos importa. Eso es lo que tiene cara y ojos, y el PIR es aire, mientras no se demuestre lo contrario.
Habéis estudiado, tenéis los conocimientos. Tenéis los dardos... seguid tirando a la diana, mientras os apetezca jugar a este juego. Eso sí, rodeados de vuestra familia, amigos y cosas buenas que os da la vida
