Hola Eowyn!
Es que por una parte están las
expectativas del observador acerca de lo que hará el actor, y por otra parte están los
efectos de la conducta elegida por el actor. Digamos que son dos fuentes de información diferentes que se sumarán o ponderarán para al final hacer atribución a las disposiciones en mayor o menor medida.
Así p.ej. si observamos una conducta con pocos efectos no comunes y que rompe las expectativas, haremos con seguridad una inferencia correspondiente.
Si en cambio observamos una conducta con más efectos no comunes pero que igualmente no cumple con nuestras expectativas, haremos también una inferencia correspondiente, pero quizá con un poco menos de seguridad.
Bueno, esto de que las dos fuentes se suman para tomar la decisión de si atribuir o no a las disposiciones me lo he sacado un poco de la manga, pero lo que sí es cierto es que expectativas y efectos son dos informaciones diferentes en las que nos basaremos para decidir al final.
Respecto a los efectos, hay que tener en cuenta que se refiere a los efectos o consecuencias que se derivan de la acción realizada y de las otras posibles acciones alternativas que se podrían haber realizado, y yo creo que la cosa va así:
- Si tenemos que elegir entre un amplio abanico de conductas, pero todas conducen al mismo resultado, la elección al final va a depender de nuestra propia personalidad. Como decía Cuchuca, imagínate que tienes varias ofertas de empleo exactamente iguales (mismo sueldo, mismo horario, misma cercanía de la empresa desde tu casa...). ¿En qué te basarás para elegir? Pues en tus rasgos de personalidad, y por tanto el observador hará una inferencia correspondiente.
- Si en cambio, las ofertas de trabajo se diferencian mucho unas de otras (muchos efectos no comunes) seguramente te guiarás por las condiciones del trabajo para elegir, no por tu personalidad. De manera que a más efectos no comunes, menor inferencia correspondiente. O lo que es lo mismo pero dicho al revés,
para hacer una inferencia correspondiente tiene que haber los menos efectos no comunes posibles entre todas las posibles conductas a elegir.
Volviendo a la anciana y el agresor (qué cruel!

) supongamos que tenemos a una persona que va por la calle súper-cabreada porque le acaban de echar del trabajo y está deseando descargar su frustración. Entre todas las conductas posibles para hacerlo tiene: discutir con su pareja, pegar al primero que le hable o romper el cristal de un escaparate. Pero esas alternativas tienen muchos efectos no-comunes o diferentes:
- Para discutir con su pareja tiene que esperar una hora que es lo que queda hasta llegar a casa, y a lo mejor la discusión le lleva al divorcio.
- Si rompe un cristal, le va a sangrar la mano.
- Si pega al primero que le hable, descargará antes la ira y a lo mejor se puede escapar e irse de rositas.
Al final elige la tercera opción porque le parece que puede tener menos consecuencias y resulta que la paga la pobre abuelita que sólo quería saber la hora.
En definitiva, las alternativas tenían consecuencias tan diferentes (muchos efectos no-comunes) que está claro que ha decidido en función de esas consecuencias, no por su personalidad. Luego no podemos hacer atribución a la disposición.
En cambio, entre elegir pegar a una anciana, a un niño o a un adulto probablemente no hay ninguna consecuencia diferente (apenas hay ningún efecto no-común) y por lo tanto su elección sí serviría para hacer la inferencia correspondiente.